Por Pati Sáez, Psicóloga
Hay un momento en que el cansancio deja de ser normal.
No es ese típico “estoy cansado, necesito dormir”.
Es algo más profundo. Más pesado.
Es levantarte y sentir que ya partiste el día agotado.
Es no tener ganas, pero igual seguir.
Es funcionar… pero sin realmente estar ahí.
Si algo de esto te hace sentido, probablemente no es casualidad.
¿Qué es el burnout, en simple?
El burnout es un desgaste que se va acumulando con el tiempo.
No aparece de golpe.
Es como si fueras empujando, empujando, empujando…
hasta que en algún punto el cuerpo y la mente dicen: “no puedo más”.
Y ahí empiezan a pasar cosas:
Te cansas todo el tiempo.
Te cuesta concentrarte.
Te irritas más fácil.
Te desconectas de lo que antes te importaba.
Y lo más complejo: empiezas a sentir que nada tiene mucho sentido.
Y no, no es flojera
Esto es importante decirlo.
No es que te falte motivación.
No es que “hayas cambiado”.
Es que llevas mucho tiempo sosteniendo más de lo que podías.
¿Por qué le decimos pandemia?
Porque está en todos lados.
Gente que sigue funcionando perfecto hacia afuera,
pero por dentro está completamente sobrepasada.
Personas que trabajan sin parar.
Papás y mamás que no tienen pausa.
Gente que cuida a otros y se deja para el final.
Y lo más peligroso: se empieza a normalizar.
“Así es la vida.”
“Hay que aguantar.”
“Después descanso.”
Pero ese “después” muchas veces no llega.
¿Cómo se empieza a salir de esto?
No hay una solución mágica, pero sí hay un primer paso clave:
dejar de hacer como que no pasa nada.
Porque el burnout no se soluciona solo descansando un poco.
Necesita algo más profundo.
Algunas cosas que ayudan:
Bajar la autoexigencia (aunque cueste).
Volver a tener espacios para ti, de verdad.
Preguntarte qué necesitas tú hoy.
Y, si es necesario, pedir ayuda.
No tienes que poder con todo.
Para cerrar
Vivimos en una cultura que empuja a hacer más, rendir más, aguantar más.
Pero tu valor no está en cuánto haces.
Ni en cuánto resistes.
Si llegaste hasta acá, quizás hay una parte tuya que ya se dio cuenta de algo.
Escucharla no es debilidad.
Es empezar a volver a ti.

